Astronomía en el siglo XX


Durante el siglo XX se construyeron telescopios de reflexión cada vez mayores, gracias a los cuales se reveló la estructura de enormes y distantes, las galaxias.


    Los progresos en física proporcionaron nuevos tipos de instrumentos, sensibles a una amplia variedad de longitudes de onda de radiación, incluidos los rayos gamma, los rayos X, los ultravioletas, los infrarrojos y las regiones de radio del espectro electromagnético. Algunos de ellos se han emplazado en los satélites que se utilizan como observatorios en la órbita de la Tierra.

     Los astrónomos estudian planetas, estrellas y galaxias, por supuesto, pero también plasmas, regiones interestelares, polvo cósmico, agujeros negros y radiación de fondo de microondas. Se maneja una gran cantidad de información que contribuye a comprendere las fases iniciales del Universo y su evolución.


    Se descubrió que las estrellas eran objetos muy lejanos y con el espectroscopio se demostró que eran similares al Sol, pero con una amplia gama de temperaturas, masas y tamaños. La existencia de la Vía Láctea como un grupo separado de estrellas no se demostró sino hasta el siglo XX, junto con la existencia de galaxias externas y, poco después, la expansión del universo, observada en el efecto del corrimiento al rojo. La astronomía moderna también ha descubierto una variedad de objetos exóticos como los quásares, púlsares, radiogalaxias, agujeros negros, estrellas de neutrones, y ha utilizado estas observaciones para desarrollar teorías físicas que describen estos objetos. La cosmología hizo grandes avances durante el siglo XX, con el modelo del Big Bang fuertemente apoyado por la evidencia proporcionada por la astronomía y la física, como la radiación de fondo de microondas, la Ley de Hubble y la abundancia cosmológica de los elementos químicos.

Durante el siglo XX, la espectrometría avanzó, en particular como resultado del nacimiento de la física cuántica, necesaria para comprender las observaciones astronómicas y experimentales.